La moda como dogma

Por Nicolás Ezequiel Aquino Krauer

Si hay algo que es un hecho hoy en día, es que el devenir de todo el progresismo (entendiéndose como ideología), ya sea el feminismo, indigenismo, ideología de género, entre otras manifestaciones más influyentes y actuales del mismo, para nada vino a imponerse por medio de “La coerción estatal”. Es más, por más cierta afinidad que nuestro actual gobierno tenga con sectores de izquierda, sus adherentes (al progresismo) al menos la población más joven, ni siquiera tienen vínculo alguno con el estado. Tratando de comprender este fenómeno, describo aquí, el cómo y por qué el progresismo actualmente consigue semejante cantidad de adherentes, sin siquiera tener participación política mayoritaria (como es el caso de otros países: Argentina, Chile), usando a la moda como medio.

Es claro que el hombre siempre tiende y tendera hacia lo que la mayoría dicta, ya sea por su ideología, filosofía, religión, ideales o por algún vacío mismo que busque llenar; la tendencia como tal quizás sea el mecanismo más antiguo y atávico que el hombre tenga para dirigir correctamente acciones y pensamientos, de manera tal que la crítica a describir no es contra la tendencia o moda en sí mismo sino a su contenido propiamente dicho, que vendría a constituir una nueva especie de verdad universal (Dogma) tan proclamada por la generación actual.

De manera general, se podría decir que el contenido de la tendencia del hombre premoderno lo dicto en su mayoría la Teología, en donde la función de las redes sociales (en términos actuales) recaía meramente sobre la Iglesia. Luego con la secularización cultural que Occidente en su mayoría vivió, el rol de la tendencia fue guiada por el Estado Moderno (época en que el modernismo tuvo su auge), donde se podría decir que la Revolución Francesa tuvo principal participación y a la vez que secularizaban toda institución, endiosaban el mismo estado, de manera que la nueva religión y a la vez tendencia seria prácticamente la adoración comunitaria de todo ente civil desligado de la Iglesia. Para luego pasar a la actualidad y a lo que muchos reconocen como posmodernidad, en donde el mismo término “tendencia” se popularizo a la vez que la falta de sentido, de preferencia sexual hasta incluso la misma identidad sexual son productos de una tendencia exclusivamente de redes sociales tan volátiles, banales y manipulables.

En la “modernidad liquida”, al decir de Bauman, el principal peligro de las tendencias actuales, es que los mecanismos con que se crean son más volátiles que nunca y están al servicio del mejor postor (empresas, corporaciones, “fundaciones”, “filántropos”, etc.), yendo totalmente en detrimento en lo que anteriormente la tradición espontáneamente forjaba y no estaba sujeta por el “Influencer” de turno. E incluso indagando aún más los mecanismos tan inestables actuales en el que la tendencia se crea, es el contenido de la misma la que involucra de un estímulo compulsivo, creando como diría Jordan Peterson un efecto de retroalimentación positiva, generando una dependencia extrema de esos cambios superfluos para saciar el estímulo y la demanda cada vez más de contenidos “más fáciles de digerir”. Pero adentrando al tema de fondo, ¿por qué catalogo a las actuales modas como dogma?: es claro, la gente necesita sentido, creencia, trascendencia, aceptación, un norte, un grupo al cual pertenecer, y si anteriormente nos brindaban eso instituciones muchos más estables como la Iglesia o el estado (al que particularmente no adhiero mucho, pero he de reconocer su inmensa estabilidad frente a las tendencia actuales) y sus adherentes lo defendían, por supuesto, el mismo efecto generaran los nuevos proveedores de tendencia: las redes sociales.

Entendiendo esto, no es de extrañar que grupos de “fans” sufran por la separación de su banda, clamen censura por el más mínimo reproche hacia sus ídolos, propongan que toda la atención publica este al servicio de su ideología de Moda hasta el punto de institucionalizarlos, glorifiquen a sus faranduleros favoritos, practiquen cualquier “Challenge” en la medida de los likes, y sobre todo “amen” la tolerancia en la medida que no cuestione su identidad sexual del día. Si no quedo claro, todo lo demás mencionado son paralelismos religiosos, que ilustran como las nuevas modas vendrían a constituir las nuevas prácticas dogmáticas del tan aclamado S.XXI

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