Cuando ahorrar termina saliendo caro

En la foto: Alejandro Kladniew, socio gerente de Paraguay Development.

Una de las tantas acepciones de la palabra mantener es conservar. En este sentido mantener se ha convertido en los últimos años, en una palabra, mal vista. En un mundo donde muchas de las cosas materiales se usan y se descartan al poco tiempo de adquiridas, mantener algún aparato parece y debemos decir que casi es, un hecho del pasado. Es cierto que a veces arreglar, reparar o actualizar algo puede ser casi igual de costoso que comprar algo nuevo de mejor tecnología. Algo similar parece estar ocurriendo también, en el mismo sentido con los empleos, antes formaba parte de un aspiracional y era valorado socialmente, la continuidad en un mismo trabajo casi durante toda la vida activa. Hoy este tipo de situación es más bien excepcional. La norma es el cambio.

Pero todas estas tendencias ligadas a la idea de cambio permanente y que la conservación sea significada en forma negativa por una gran parte de la sociedad, se contraponen con la imperiosa necesidad de toda obra civil, que justamente es el mantenimiento permanente, y si este es preventivo, mucho mejor.

Sin embargo y lamentablemente, uno de los graves problemas de la mayoría de nuestros países, en la región, y del que Paraguay es un ejemplo cabal, es el mantenimiento, o más bien la falta de este, tanto de obras públicas, como también privadas.

La falta de mantenimiento, aparte de ser peligrosa, ineludiblemente genera depreciación, no solo de la propiedad propia, sino la de todo el entorno. El centro de Asunción, es un cabal ejemplo de esto y lo que nos demuestra, es que cuando no se va haciendo un trabajo sistemático de mantenimiento, después del paso del tiempo, intentar poner en valor lo que se ha deteriorado resulta ser extremadamente oneroso y a veces, tardío.

La peligrosidad de la falta de mantenimiento está vinculada tanto a aspectos operativos como estructurales.

Bajo esta idea, muchas veces, los propietarios de departamentos, suelen quejarse y hasta enojarse cuando reciben expensas o gastos comunes que perciben como caros; las más de las veces, sin siquiera consultar a que se deben esos montos y que tipo de justificación tienen.

Imaginemos ascensores, sistema de incendios, matafuegos y-o grupos electrógenos que no tengan el necesario mantenimiento preventivo y las consecuencias que esto podría acarrear, no ya para el confort, sino para la vida de las personas. Porque una debilidad que tiene el mantenimiento para todos nosotros como humanos, es que salvo los de carácter estético, la mayoría de ellos no es visible a nuestros ojos.

Para todos aquellos que desean vivir en un edificio, en particular para aquellos que quieren ser propietarios, sugerimos sin dudas que deben evaluar entre otras variables de la compra, no solo cuanto se paga de gastos comunes, sino sobre todo, cual es el nivel de mantenimiento del edificio, y cuanto más antiguo es este, se debe mirar aún más la calidad del mismo.

Para todos aquellos que van a comprar una unidad nueva, también es recomendable que les informen de los costos proyectados de expensas, si estos son bajos, en vez de ponerse contentos, chequear que ese valor, no sea a costa de baja inversión en mantenimiento.

Porque en este como en otros casos, “lo barato, sale caro”, sin duda alguna.