Del trapiche familiar al «Mosto Bar»: jóvenes emprendedores rescatan una bebida tradicional paraguaya

Asunción, Agencia IP.- El mosto de caña de azúcar, una bebida profundamente vinculada a la tradición paraguaya, vuelve a ganar protagonismo gracias al impulso de jóvenes emprendedores que buscan rescatar su consumo y adaptarlo a los tiempos actuales. Ese es el caso de Hugo Cáceres y Rosani Centurión, ambos de 30 años, quienes transformaron una práctica familiar en un emprendimiento en San Lorenzo, que hoy combina tradición, innovación y memoria cultural.

La iniciativa comenzó hace aproximadamente cinco años, de manera espontánea y sin un plan de negocio inicial. Según relata Cáceres, la idea surgió simplemente porque a la familia le gustaba beber mosto.

En ese entonces, él solía comprar la bebida a un vendedor que aparecía ocasionalmente en la zona, pero no siempre estaba disponible. La situación cambió cuando decidió aprovechar un trapiche que había pertenecido a su abuelo y que permanecía sin uso en la casa familiar.

Con esa máquina, destinada a exprimir el jugo de la caña de azúcar, la familia comenzó a preparar mosto para consumo propio. «Empezamos a producir más para nosotros y para la familia», recuerda.

Del trapiche familiar al «Mosto Bar»: jóvenes emprendedores rescatan una bebida tradicional paraguaya
Hugo Cáceres y Rosani Centurión, ambos de 30 años, transformaron una práctica familiar en un emprendimiento que hoy combina tradición, innovación y memoria cultural.

Con el tiempo surgió la idea de vender el producto, sobre todo ante la escasez de vendedores regulares en la zona. La primera oportunidad llegó durante una jornada de elecciones, en la que decidieron instalar un pequeño carrito para ofrecer bebida.

La respuesta del público fue inmediata. Según cuenta el emprendedor, la gente comenzó a formar filas para comprar el mosto recién preparado, lo que les permitió comprobar que había demanda del producto.

A partir de esa experiencia comenzaron a buscar otros lugares para vender. Primero se instalaron en una estación de servicio, luego frente a un supermercado y, finalmente, en un semáforo.

Según relata Cáceres, la situación cambió cuando decidió aprovechar un trapiche que había pertenecido a su abuelo y permanecía sin uso en la casa familiar.

El emprendimiento nació poco antes de la pandemia, en un momento en que la familia buscaba alternativas para generar ingresos. Aunque al principio comenzaron con cierta timidez, el proyecto fue creciendo gradualmente.

La elaboración del mosto es un proceso sencillo, pero requiere la maquinaria adecuada. Para producirlo, solo se necesitan caña de azúcar y un trapiche que permita extraer el jugo.

Según explica Cáceres, en aproximadamente un minuto se puede obtener un litro de jugo, por lo que un vaso se prepara en unos 30 segundos.

Innovación con sabores naturales

Con el objetivo de diferenciarse de otros vendedores, la pareja decidió experimentar con nuevas presentaciones. La idea surgió tras investigar en internet, donde descubrieron que en países como Brasil el jugo de caña se consume combinado con frutas.

A partir de entonces, comenzaron a incorporar sabores naturales y a probar nuevas combinaciones directamente con los clientes en ferias y espacios públicos.

Actualmente, el emprendimiento ofrece una amplia variedad de sabores elaborados con frutas y productos naturales, entre ellos: tradicional, limón, naranja, mandarina, pomelo, remolacha, jengibre, menta, piña, frutilla, sandía, durazno, mango, guayaba, zanahoria, melón, mburukuja, yerba mate y jugo verde.

Según destacan, todas las preparaciones se realizan sin conservantes, edulcorantes ni aditivos artificiales. «Todo es natural: no tiene agua, azúcar ni conservantes», explica Cáceres.

Un espacio que evoca la memoria cultural

Hace dos años, el emprendimiento dio un paso más con la apertura de Onda Chill, un local pensado para recibir al público y ofrecer bebidas recién preparadas. Para lograr mayor visibilidad, los emprendedores recurrieron principalmente a las redes sociales.

El espacio no solo ofrece mosto tradicional, sino también mosto saborizado. También incorpora otros productos asociados a la gastronomía tradicional paraguaya, como miel negra, barquillos, mantecadas y dulces de batata o de guayaba.

La idea, según explican, es ofrecer una experiencia que conecte con la memoria cultural de los visitantes. Muchos clientes mayores suelen asociar estos sabores con recuerdos de la infancia o con las preparaciones de sus abuelos.

Un público diverso y en crecimiento

En cuanto al público, los emprendedores identifican diferencias generacionales en las preferencias. Mientras las personas mayores suelen optar por el mosto tradicional, los jóvenes se inclinan más por las versiones saborizadas.

El carácter natural del producto también condiciona su conservación. Refrigerado, puede durar hasta tres días antes de iniciar el proceso de fermentación; congelado, puede conservarse entre seis y ocho meses sin perder sabor.

Actualmente, el emprendimiento genera empleo para seis personas: cuatro trabajan en el local y dos se encargan de las ventas en la calle.

Aunque el negocio está instalado en la zona de San Lorenzo, los clientes llegan desde distintos puntos del país, como Asunción, Fernando de la Mora, Lambaré, Encarnación y Ciudad del Este. En algunos casos incluso realizan envíos al interior mediante transportadoras, utilizando conservadoras con hielo para mantener la cadena de frío y evitar la fermentación durante el traslado.

Desafíos y planes de expansión

Según explica Cáceres, en aproximadamente un minuto se puede obtener un litro de jugo, por lo que un vaso se prepara en unos 30 segundos.

El crecimiento del proyecto también ha planteado desafíos. Uno de los principales fue conseguir proveedores de caña de azúcar, ya que muchos productores prefieren vender grandes volúmenes a las azucareras.

A esto se suman factores climáticos. Durante periodos de calor extremo, explican, resulta más difícil encontrar personas que a cortar caña en el campo, lo que puede afectar el abastecimiento justo cuando la demanda aumenta.

Actualmente la pareja trabaja en la remodelación del local con el objetivo de obtener registros empresariales que les permitan ampliar la comercialización de sus productos. El objetivo a futuro es ingresar a cadenas de supermercados y fortalecer la distribución.

Más allá del crecimiento del negocio, Cáceres considera que el proyecto también cumple un rol cultural: contribuir a que una bebida tradicional siga presente en la vida cotidiana.

«El mosto es parte de nuestra cultura. Queremos que la gente vuelva a consumir lo nuestro y no solo bebidas comerciales», señala.

El jugo de caña de azúcar añade hierro, calcio, potasio, magnesio y diversas vitaminas, lo que lo convierte en una alternativa natural que incluso puede beneficiar a quienes practican actividad física.

Por eso, para quienes aún no lo conocen, la recomendación es simple: probarlo recién preparado. «El que no probó es porque nunca tomó uno hecho en el momento», concluye.

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