El atraso de hasta 15 días en la cosecha no compromete la calidad del cultivo, que muestra plantas sanas y altos potenciales de rendimiento.
Costos en alza y precios internacionales a la baja ajustan los márgenes y obligan a apostar al volumen para cerrar la campaña.
La campaña sojera 2025/26 avanza en Itapúa con señales productivas alentadoras, aunque en un contexto económico desafiante. Un ciclo más largo, mayores costos sanitarios y precios internacionales que no acompañan obligan a los productores a extremar la eficiencia para sostener la rentabilidad.
La cosecha de soja en el departamento de Itapúa registra un retraso estimado de unos 15 días respecto al calendario habitual, aunque las perspectivas productivas se mantienen positivas en términos de calidad y volumen. Así lo indica el informe económico semanal de la Unión de Gremios de la Producción (UGP), que recoge testimonios y datos del avance de la campaña 2025/26.
A diferencia del ciclo anterior, cuando las primeras cosechadoras ingresaron a los lotes en la primera semana de enero, este año la soja recién comienza a amarillear y el ingreso de granos a las cooperativas sigue siendo incipiente. Según explicó Marcio de Souza, productor y presidente de la CAP filial Itapúa, el grueso de la cosecha se concentraría recién en la segunda quincena de enero y durante febrero.
El retraso respondió principalmente a un ciclo fenológico más largo, influenciado por noches frías y varios días de bajas temperaturas registrados durante el desarrollo del cultivo. A esto se sumó una buena humedad del suelo, que favoreció el crecimiento de plantas vigorosas, con abundante masa foliar y un estado sanitario general muy bueno. “La soja está tan sana que tarda en morir”, señaló el productor, citado en el informe de la UGP.
Las condiciones climáticas del verano acompañaron con escenarios casi ideales, lo que se refleja en las expectativas de rendimiento. En la campaña pasada, Itapúa superó los 3.000 kilos por hectárea, y para este año se espera alcanzar nuevamente esos niveles, e incluso superarlos si el clima acompaña en el tramo final.
Sin embargo, el buen potencial productivo contrasta con un escenario de costos crecientes. Durante el desarrollo del cultivo, la presión sanitaria fue mayor de lo habitual debido a la presencia de enfermedades foliares, ataques de ácaros y chinches, lo que obligó a reforzar los controles y elevó los gastos. Según el informe económico semanal de la UGP, los costos de producción ya superan en muchos casos los 2.000 kilos por hectárea, dejando márgenes muy ajustados, especialmente para los productores que trabajan sobre tierras alquiladas.
En cuanto a la superficie sembrada, no se registraron grandes cambios respecto al año anterior. La soja mantuvo su protagonismo, con apenas un leve incremento del girasol en algunos establecimientos. Este cultivo ya se encuentra en etapa de cosecha, mientras muchos productores avanzan con la implantación de cultivos de zafriña, principalmente soja y maíz, en una ventana de siembra ajustada por el temor a un invierno temprano o heladas anticipadas.
Desde el punto de vista logístico, el informe de la UGP destaca que el río Paraná mantiene un buen nivel, lo que facilita la navegabilidad de las barcazas y reduce riesgos en la salida de la producción. La capacidad de acopio también se considera adecuada, aunque la principal preocupación se centra en el secado de los granos. La alta humedad en el campo podría generar cuellos de botella si los acopiadores no logran procesar con rapidez los grandes volúmenes que ingresen.
El panorama general combina buenas perspectivas productivas con un escenario económico exigente. La soja en Itapúa creció bien, está sana y promete rindes destacados, pero la rentabilidad continúa atada a factores externos que el productor no maneja. Con cautela y expectativa, el sector se prepara para una cosecha que podría ser buena en volumen, aunque ajustada en márgenes.