Mentalidad ganadora: el desafío de cambiar la forma de pensar del país

Paraguay atraviesa un momento en el que las oportunidades económicas, demográficas y geográficas abren una ventana de posibilidades, pero el desafío, según Felipa Mersan, está en transformar ese potencial en resultados concretos.

Desde Paraguay con Mentalidad Ganadora (PMG), plantea una conversación que apunta a algo más profundo que el crecimiento económico: cambiar la manera en que la sociedad piensa, decide y construye su futuro.

En la foto: Felipa Mersan, directora de Incentiva

Hablar del futuro del Paraguay suele llevar la conversación hacia infraestructura, inversión, energía, empleo, educación o crecimiento económico. Sin embargo, existe otra dimensión menos tangible y, justamente por eso, más difícil de transformar la cultura con la que una sociedad enfrenta sus propios desafíos.

Desde esa perspectiva surge Paraguay con Mentalidad Ganadora (PMG), una iniciativa que busca instalar una conversación nacional sobre las actitudes, valores y comportamientos que podrían acompañar una nueva etapa de desarrollo del país.

Para Felipa Mersan, una de las impulsoras de esta propuesta, el desafío pasa por dejar atrás algunas conductas que, a su criterio, limitan la capacidad de Paraguay para convertir sus ventajas en resultados. Habla de pasar del conformismo a la excelencia, de la queja a la responsabilidad, de la improvisación a la planificación y del individualismo a la colaboración.

La propuesta no se presenta como una discusión exclusivamente empresarial ni política. Su planteamiento apunta a involucrar a ciudadanos, líderes, instituciones, empresas, comunidades y, especialmente, a una generación joven que tendrá que tomar decisiones determinantes sobre el país que viene.

“El mayor adversario no son otros países, otras empresas, otros sectores ni otras personas. Nuestro mayor adversario es la mediocridad, la indiferencia, la desesperanza, la improvisación, la resignación, la impunidad y la falta de visión”, sostiene Mersan.

Una conversación sobre el país que queremos

Paraguay con Mentalidad Ganadora busca instalar una pregunta que va más allá de cuánto puede crecer el país: ¿qué tipo de sociedad necesita Paraguay para aprovechar realmente las oportunidades que tiene?

Para Mersan, una transformación nacional requiere algo más que inversiones o infraestructura. También necesita una sociedad capaz de asumir responsabilidades, sostener objetivos de largo plazo y construir instituciones que generen resultados.

“Los países se transforman cuando cambia la mentalidad de su gente: cuando las personas dejan de preguntarse por qué no se puede y empiezan a preguntarse cómo hacerlo posible”, afirma.

Desde su perspectiva, Paraguay cuenta con condiciones que podrían favorecer una etapa de mayor desarrollo, entre ellas estabilidad económica, ubicación geográfica, energía, una población joven, recursos y una identidad propia.

Pero considera que existe una brecha entre ese potencial y la capacidad de convertirlo en resultados. “Nos falta recuperar la convicción de que podemos aspirar a grandes metas, volver a sentir orgullo por lo que somos capaces de lograr juntos, y transformar la resignación en esperanza, y la esperanza en acción”, plantea.

La idea de fondo es que el potencial, por sí solo, no genera desarrollo. Necesita instituciones, liderazgo, planificación, capital humano y una sociedad dispuesta a sostener objetivos durante el tiempo suficiente para que produzcan resultados.

El momento de dar un salto

La iniciativa considera que Paraguay atraviesa un momento particular de su historia.

El país cuenta con factores que pueden convertirse en ventajas competitivas en un escenario regional y global que demanda energía, alimentos, talento, servicios y nuevas plataformas de inversión. Pero aprovechar esas condiciones exige algo más que esperar que las oportunidades aparezcan.

Mersan considera que existe una oportunidad generacional. “Cada generación recibe un país. Pero solo algunas generaciones reciben la oportunidad de cambiar su destino, y creemos profundamente que esta generación es una de ellas”, afirma.

El planteamiento implica asumir que el desarrollo no puede depender exclusivamente de una administración de gobierno, de un sector económico o de determinadas figuras. La transformación que propone PMG requiere continuidad y una visión que trascienda los ciclos políticos y empresariales.

Por eso, uno de los conceptos centrales de la iniciativa es la construcción de una visión compartida. “Hoy Paraguay tiene una oportunidad histórica. Lo único que todavía nos falta es una visión compartida y la decisión firme de trabajar todos juntos en una misma dirección”, sostiene.

Del conformismo a la excelencia

El cambio cultural que plantea Mersan no es presentado como una transformación inmediata. Por el contrario, requiere modificar comportamientos arraigados.

La primera transición es del conformismo hacia la excelencia. La segunda, de la queja hacia la responsabilidad. También plantea pasar de la improvisación a la planificación, del individualismo a la colaboración y del cortoplacismo a una mirada de largo plazo. El objetivo final es pasar “del potencial a los resultados”.

En esa ecuación, el liderazgo ocupa un lugar central. La propuesta sostiene que una sociedad difícilmente podrá construir instituciones sólidas si quienes las conducen no asumen estándares elevados de integridad, responsabilidad y compromiso.

“Esta mentalidad se construye cuando la sociedad empieza a creer que sí es posible; cuando los líderes se convierten en modelos de integridad y compromiso; cuando las instituciones se profesionalizan y generan valor real para los ciudadanos; y cuando el país sostiene, con disciplina, una misma visión a largo plazo”, explica.

La afirmación también plantea uno de los mayores desafíos para cualquier proyecto de transformación cultural: pasar del discurso a la práctica.

Una sociedad puede compartir determinados ideales, pero la verdadera transformación ocurre cuando esos principios se reflejan en la forma de administrar una empresa, dirigir una institución, ejercer una función pública, educar a un hijo o participar de una comunidad.

El “Día Cero” como punto de partida

En este contexto aparece el denominado “Día Cero”, concebido como el punto de partida de Paraguay con Mentalidad Ganadora. La intención, según Mersan, es que el evento no quede reducido a una jornada de discursos o motivación. El verdadero desafío comienza después.

“Queremos que Paraguay con Mentalidad Ganadora deje de ser una frase que se escucha y se convierta en la forma en que nuestro país piensa, decide y construye durante los próximos cincuenta años”, afirma.

La referencia a las próximas cinco décadas no es casual. La propuesta pretende colocar el debate en un horizonte mucho más amplio que los ciclos electorales o económicos.

La pregunta, entonces, no es solamente qué puede hacer Paraguay durante los próximos cinco años, sino qué decisiones debería tomar hoy una generación para que dentro de medio siglo pueda evaluarse el resultado de esas decisiones.

En esa visión, el éxito no se mediría únicamente por el crecimiento del PIB, el volumen de inversiones o la construcción de infraestructura, sino también por la calidad de las instituciones, la confianza social, la integridad de los liderazgos y la capacidad de construir oportunidades.

Una generación como protagonista

Uno de los principales públicos a los que apunta la iniciativa son los jóvenes.

Para Mersan, la transformación cultural que plantea PMG necesita que las nuevas generaciones asuman un rol activo y no esperen que el futuro sea construido exclusivamente por quienes actualmente ocupan posiciones de liderazgo.

“Queremos encender una esperanza: la de que juntos podemos construir el Paraguay que merecemos. Más que una invitación a un evento, es una invitación a creer: a creer en Paraguay y a creer en nuestra gente”, señala.

El mensaje busca alejarse de una visión pasiva del futuro. En lugar de esperar que las condiciones externas cambien, propone que las decisiones individuales y colectivas comiencen a modificar esas condiciones.

“El Paraguay que soñamos no será construido por unos pocos. Será construido por miles de personas que decidan asumir un compromiso con el futuro y trabajar unidas detrás de un mismo propósito”, afirma.

La idea adquiere particular relevancia en un país con una población relativamente joven y frente a los cambios que están experimentando las economías, los mercados laborales y las tecnologías.

Una nueva generación tendrá que convivir con desafíos que no existían hace apenas unas décadas: inteligencia artificial, transformación de los empleos, competencia internacional por talento, transición energética, nuevas cadenas productivas y una creciente exigencia sobre la calidad institucional.

En ese escenario, la mentalidad con la que una sociedad enfrenta esos cambios puede convertirse en un factor tan determinante como los recursos con los que cuenta.

El verdadero adversario

Uno de los conceptos más contundentes de la propuesta de Mersan es la definición del principal obstáculo para Paraguay. No lo ubica en el exterior. “El verdadero adversario no son otros países, otras empresas, otros sectores ni otras personas”, sostiene.

La mirada apunta hacia problemas internos: la mediocridad, la indiferencia, la improvisación, la resignación, la falta de visión y la ausencia de confianza.

La apuesta, por tanto, consiste en cambiar el foco. En lugar de medir el desarrollo exclusivamente en función de lo que otros países están haciendo, la discusión debería concentrarse en cuánto puede mejorar Paraguay respecto de sí mismo. Eso implica elevar las expectativas, pero también elevar las exigencias.

Una mentalidad ganadora, bajo esta concepción, no significa creer que todo saldrá bien por el simple hecho de mantener una actitud positiva. Significa establecer objetivos ambiciosos, asumir responsabilidades, medir resultados y sostener los esfuerzos incluso cuando los avances no sean inmediatos.

Liderazgo, instituciones y confianza

La transformación cultural que propone PMG también coloca bajo la lupa el papel de las instituciones.

Mersan plantea que no alcanza con pedir a la ciudadanía que cambie sus hábitos si las instituciones no acompañan ese proceso con mayor profesionalización y capacidad de respuesta. La confianza, en ese sentido, funciona en ambas direcciones.

Una ciudadanía que no confía en sus instituciones difícilmente estará dispuesta a comprometerse con proyectos colectivos de largo plazo. Pero, al mismo tiempo, las instituciones necesitan demostrar con resultados que son capaces de responder a las necesidades de la sociedad.

De ahí que la iniciativa insista en la importancia de líderes íntegros y comprometidos.

El liderazgo que propone no está asociado únicamente con ocupar un cargo. También implica la capacidad de asumir responsabilidades y convertirse en referencia dentro de una empresa, una organización, una comunidad, una institución educativa o cualquier espacio de participación social.

La transformación cultural, en consecuencia, no dependería de un único liderazgo nacional, sino de la multiplicación de liderazgos responsables.

Del sueño a la ejecución

La visión compartida constituye el primer paso, pero no es suficiente. La propia Mersan reconoce que las grandes transformaciones requieren líderes capaces de convertir una visión en acciones concretas.

“La visión no basta: se necesitan líderes íntegros, comprometidos y decididos, que asuman la responsabilidad de transformar esa visión en realidad, trabajando con determinación y acciones concretas”, señala. Esta diferencia entre soñar y ejecutar es clave para entender la propuesta.

Paraguay tiene desde hace décadas diagnósticos sobre sus principales problemas. También cuenta con planes, proyectos, estrategias y discursos sobre el futuro. La dificultad histórica ha estado muchas veces en la continuidad, la ejecución y la capacidad de sostener políticas más allá de los cambios de administración.

Por eso, una mentalidad orientada a resultados implica necesariamente aceptar mediciones, rendición de cuentas y evaluación. La grandeza de un país no se construye solamente con declaraciones ambiciosas, sino con instituciones capaces de convertir esas declaraciones en políticas, proyectos y resultados verificables.

Una apuesta de largo plazo

La propuesta de Paraguay con Mentalidad Ganadora tiene una ambición que excede el calendario de un evento. Mersan plantea que dentro de cincuenta años debería recordarse a la actual generación como aquella que decidió cambiar la cultura del país.

“Que quede escrito que esta generación fue capaz de poner al Paraguay por encima de los intereses individuales”, sostiene.

La aspiración es que las futuras generaciones encuentren un país con instituciones más fuertes, líderes íntegros, mayor capacidad de cooperación y una sociedad que haya aprendido a trabajar alrededor de objetivos comunes.

También plantea que los jóvenes de hoy puedan convertirse en referentes para quienes vengan después.

“Que nuestros hijos tengan modelos de líderes íntegros y comprometidos. Que se hable de nosotros en las escuelas y en las universidades porque fuimos la generación que decidió no conformarse”, afirma.

Es una apuesta ambiciosa, pero justamente ahí radica el desafío: transformar una consigna en una cultura y una cultura en resultados.

El futuro como decisión

La conversación propuesta por Paraguay con Mentalidad Ganadora parte de una premisa sencilla: el futuro no es inevitable. Las decisiones tomadas hoy determinan, en buena medida, las oportunidades de las generaciones siguientes. Eso obliga a discutir qué país se quiere construir, pero también qué comportamientos deben cambiar para hacerlo posible.

El mensaje final de Mersan apunta precisamente en esa dirección: “El futuro no es algo que simplemente llega: el futuro se construye, todos los días, con las decisiones de hoy”. Para Paraguay, la discusión sobre su futuro no es nueva. Lo que cambia es la necesidad de convertir esa conversación en acciones sostenidas.

El país puede contar con energía, recursos, ubicación estratégica, población joven, talento y oportunidades de inversión. Pero transformar esas condiciones en desarrollo sostenible exige instituciones que funcionen, empresas capaces de innovar, liderazgos responsables y ciudadanos dispuestos a participar.

La mentalidad ganadora que propone PMG, en última instancia, no se trata solamente de pensar en grande. Se trata de atreverse a exigir más, asumir responsabilidades y sostener en el tiempo aquello que se decide construir.

Y quizá el verdadero desafío del denominado “Día Cero” sea precisamente ese: que el día siguiente no sea simplemente otro día, sino el comienzo de una conversación nacional capaz de sobrevivir al entusiasmo inicial y convertirse en una forma distinta de pensar, decidir y hacer país.