Marito y Eichmann

El primero todos saben quien és, lo padecemos diariamente y es todo lo contrario de lo que debe ser un presidente, el peor de todos desde que somos nación independiente. Es la mayor prueba viviente que el cargo no hace al hombre si no vice versa. Hoy día y por su culpa hasta Katya puede llegar a ser, total, si Marito lo és cualquiera nomás ya. Y si aquella resulta ser, seguro va a exigir que se la llame presidenta la muy estúpida como la otra pelotuda de Cristina K. Mujeres al poder, por un mundo cada vez más estúpido.

El segundo, aunque bastante conocido internacionalmente por sus crímenes de lesa humanidad, no creo que los paraguayes sepan quien és, de modo que aquí les va una breve biografía sobre él.

Adolf Eichmann, tocayo de uno de los pocos que lo superó en vileza, Adolf Hitler, su superior. Teniente coronel de las SS nazi y principal responsable de las deportaciones masivas que acabaron con la vida de más de 6 millones de judíos. Conocido como el «arquitecto del holocausto», el nazi que propició y llevó a cabo la muerte y el sufrimiento atroz de millones de personas.

¿Que tiene que ver esto con Marito? Ya lo verán, por eso escribí este artículo.

Primero, el antisemitismo. La primerísima obra de gobierno del badulaque fue retirar la embajada de Jerusalén. Por los frutos se conoce al arbol dijo el judío llamado Jesús.

Del medio oriente, para mí, los libaneses son la mejor gente, descendientes de fenicios y con bastante población cristiana. Los sirios, la peor, como Abdo. Basta mirar sus mandamáses; Hafez y Bashar Assad, padre e hijo, como Tacho y Tachito Somoza en Nicaragua, aquel bautizado como «nuestro hijo de puta» por FDR, sin duda Hafezz el Assad, padre de Bashar fue un hijo de puta más de los yankees. Clinton estuvo en su funeral donde dijo que lo respetaba, al que asesinó 10.000 compatriotas bombardeando la ciudad de Hamas con armas químicas en 1986, ese fue peor que Herodes. Aquí tenemos la dupla del finado don Mario y Marito, pinchito y pinchame, siendo este, hijo de puta actual de Biden, más bajo no se puede caer. Los dos peores presidentes de la historia en sus respectivos países y eso que antes hubo un Barak Obama allá y un Lucho Gonzalez aquí, increíblemente superados por estos dos desgraciados.

Antes de pasar al segundo punto de comparación debo hacer aquí una introducción de quién es la principal fuente de inspiración de esta redacción; la cronista, periodista, escritora y luego influyente filósofa del siglo XX, la paisana Hannah Arendt. ¿Quien es ella?

Una de las figuras más importantes del pensamiento político del siglo XX. Aunque no quería ser llamada filosofa, su célebre trilogía sobre «Los orígenes del totalitarismo»; 1.Antisemitismo 2.Imprerialismo y 3.Totalitarismo le dieron ese perfil. By the way, estos 3 tomos se reparten en «ciudad mujer» y en el ministerio de la mujer o mejor dicho ciudad y ministerio de las lesbianas. Seguro que Chucky Samaniego y Lilian Soto lo recomendaron. JA!

Arendt era judía y huyó de Alemania como también de un campo de concentración en Francia pero jamás reclamó su derecho a una indemnización por parte del Estado alemán ni cupo alguno para llegar donde llegó en USA donde vivió hasta su muerte.

David Ben-Gurion, a la sazón primer ministro de Israel, ordenó al Mossad la captura de Adolf Eichmann quien vivía en Argentina bajo la identidad falsa de Ricardo Klement, orden que se cumplió el 11 de mayo de 1960. «Ich bin Adolf Eichmann», yo soy Adolf Eichmann, les dijo a sus captores. Lo retuvieron durante nueve días, lo drogaron y se lo llevaron saltándose las leyes. Fue juzgado en Jerusalén y sentenciado a la horca, colgado el 31 de mayo de 1962 en Tel Aviv.
Ahora entramos en el segundo punto de comparación entre Marito y Eichmann con el siguiente relato.

En aquella primavera de 1961 en el Estado de Israel, con Eichmann sentado ante el juez, estaba Hannah Arendt, siguiendo el proceso como corresponsal de la revista estadounidense The New Yorker. Fue allí y en ese entonces donde surgió este concepto fundamental sobre «la banalidad del mal» llenando un vacío en la historia del pensamiento.

Hizo su crónica sobre el juicio y la personalidad del acusado que luego acabaría adoptando forma de libro: «Eichmann en Jerusalén», al que puso de subtítulo «Sobre la banalidad del mal».
Ni monstruo, ni loco, ni enfermo, Eichmann, relata Arendt, no respondía a los rasgos de un monstruo ni de alguien mentalmente enfermo. Su motor no fueron la locura ni la maldad, sino funcionar dentro de un sistema establecido basado en el exterminio. Eichmann, dice Arendt, hizo lo que hizo actuando como un burócrata, un simple ejecutor, una marioneta banal, sólo guiado por el deseo de hacer lo que debía, lo que estaba estipulado. No discernía sobre el bien o el mal en sus actos, señala Hannah. La filósofa describió a Eichmann como un burgués solitario cuya vida estaba desprovista del sentido de la trascendencia y cuya tendencia a refugiarse en las ideologías le llevó a preferir la nacionalsocialista y aplicarla hasta el final. Lo que quedó en las mentes de personas como Eichmann, dice Arendt, no era una ideología racional o coherente, sino simplemente la noción de participar en algo histórico, grandioso, único.

Agregándolé pusilánime, que no lo fue, ya lo tenemos a Marito, solo en este punto encuentro diferencia. De esto se trata, este es el caracú de la cuestión, el inmenso daño que pueden causar estos grises personajes, sin sal ni pimienta, mandi’o yre o sin jugo, como cuando se seca el limón, por más fuerte que exprimas no sale una gota. No me animo a decir que ni siquiera son malos, son peores, por el mal inconmensurable que pueden hacer desde sus cargos.

¿Acaso hace falta enumerar todo el daño que causó Abdo a este país? Desde el retiro de la embajada que fue el primer acto y las maldiciones consecuentes, el «paquete antilavado» el segundo, para desacelerar la economía paraguaya a un mínimo para luego matarla en la cuarentena, este mal nacido hizo del Paraguay un holocausto.

La banalidad del mal, el concepto estrenado por Arendt que afirma que personas capaces de cometer grandes males o atrocidades pueden ser gente aparentemente «normal». ¿Les suena familiar? Cada tanto aparece un asesino monstruoso y oímos a sus vecinos sorprendidos decir: «Increíble, era una persona normal, tranquila, saludaba, ¿quién podía pensar lo que hacía?». Entonces, esas personas «normales» fueron y son capaces de cometer actos atroces. Personas como estas, en cargos de relevancia, no se consideran culpables de forma individual de un mal colectivo, aunque hayan participado o formado parte de alguna manera en él, piensan que sus actos son un aporte menor, que únicamente obedecen y ejecutan los planes trazados por «los de arriba», como la Agenda 2030, los dictámenes de la OMS o las instrucciones de la hija de puta de Victoria Nuland del Departamento de Estado norteamericano. Se ven como un pequeño eslabón sin poder de decisión y, por tanto, sin responsabilidad en una cadena mucho mayor en la que hay otros por encima que son los que deben rendir cuentas y dar explicaciones. Y ahí, en esa obediencia sin reflexionar sobre las consecuencias, en esa forma de trivializar las actuaciones propias que llevan a perpetrar las peores atrocidades, en ese pensar es donde Marito y Eichmann se asemejan y son la misma mierda. Ergo, Abdo merece la horca.

AUSTRIA APARTE

Si tuviéramos que señalar un lugar donde la parábola del trigo y la cizaña tiene a su mejor y más claro ejemplo de la historia es en la República de Austria. Viena y Salzburgo, ¿quien no oyó hablar de estas ciudades? En esta nació Mozart y en aquella la cultura moderna.

Hermoso país donde vino al mundo uno de los monstruos más horribles del mundo: Adolf Hitler. Adolf Eichmann, nuestro personaje central, también tuvo su formación académica en la ciudad de Linz, Austria. ¿Lo pueden creer?

Ludwig Von Mises, uno de lo padres de la mundialmente preciada escuela austriaca de economía, se formó académicamente en la Universidad de Viena y Friedrich Von Hayek, excelso referente de la misma escuela económica, ganador del premio Nobel de Economía en 1974, nació en Viena el 8 de mayo de 1899.

¿Que me dicen del llamado «monstruo austriaco» que no es Hitler y cobró fama mundial por sus crímenes atroces? Josef Firtzl nació un 9 de abril de 1935 en Amstetten, la misma ciudad que años más tarde será testigo de sus propios crímenes. Amstetten es una pequeña localidad de gente trabajadora que está situada a 130 kilómetros de Viena en el estado federado de la Baja Austria. Es el autor de uno de los crímenes más espeluznantes cometidos en el viejo y degenerado. Josef Fritzl encerró durante 24 años a su hija en el sótano de su casa, la violó sistemáticamente hasta hacerle siete hijos y gozaba de una cómoda posición económica, así que en la superficie todo tranki con los vecinos. Hasta aquí.

Nahem Reyes entrá en tu culo.

Shabat shalom

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