Madrid, 21 sep (EFE).- Los expertos coinciden en que el escenario del bloqueo de Ormuz parece que se mantendrá, lo que continuará ejerciendo presión al alza sobre el precio del petróleo y del gas, aunque lejos de los niveles alcanzados en 2022 tras el inicio de la guerra de Ucrania.
«La crisis de Ormuz ha sido una de las más graves en el mercado del petróleo», ha señalado Bassam Fattouh, director del Instituto Oxford para Estudios Energéticos en la jornada «Seguridad de suministro ante un orden geopolítico incierto» organizada este lunes por Enerclub.
Fattouh ha apuntado que esto hace que el comercio de esta materia prima se haya «convertido en un arma» dentro de la geopolítica, en un momento donde los escenarios posibles apuntan que seguirá sin haber acuerdo «algunos meses» más y que en el caso de que se alcance, es posible que no se vuelva a la situación previa de flujos.
En este contexto, ha señalado, se están utilizando reservas de petróleo para amortiguar la falta de crudo que cruza por Ormuz.
En este sentido, Kingsmill Bond del ‘think tank’ energético Ember ha advertido que en «Europa estamos ante un problema real», aunque «afortunadamente hay muchas soluciones» que no había en crisis previas.
Bond ha advertido de que parte de esta respuesta a la crisis actual debe venir de la tecnología enfocada al terreno energético, con nuevas formas de conseguir electricidad, como tecnología enfocada a crear mayor demanda eléctrica o al almacenaje de la misma.
Por su parte, en una intervención en el mismo evento, Ignacio Cobo Berberana, analista de la consultora Afry, ha asegurado que en el terreno de gas todavía se está lejos de lo ocurrido en 2022 y que actualmente «no estamos ante un escenario de escasez sino de subidas de precios».
«No estamos en escasez todavía, estamos en un precio con mercado de precios altos, pero no de rupturas. Comparado con lo que vimos hace unos años es bueno, estamos mejor preparados», ha especificado Cobo.
Aunque este experto ha avisado que las reservas de gas en Europa se sitúan en niveles bajos comparado con otros momentos, lo que puede suponer «un riesgo».
Un escenario de incertidumbre en el que coincide Gonzalo Escribano, investigador principal y director del Programa Energía y Clima del Real Instituto Elcano, que ha advertido de que el bloqueo de Ormuz supone un «cambio logístico brutal».
El problema del refino
En el caso del petróleo, la presión en el precio, según coinciden los expertos que se han dado cita en este encuentro, se ha visto especialmente en los productos derivados del mismo como el diésel o el queroseno.
«Necesitaremos más energía renovable, más redes y más almacenamiento. Pero también mas moléculas durante mucho tiempo. La cuestión no es elegir entre electrones y moléculas, sino cómo poder compaginarlos durante mucho tiempo», ha señalado Juan Carlos Ramírez, director de optimización de la cadena de valor industrial de Repsol.
En este aspecto, ha recordado que Europa ha reducido su capacidad de refino con el cierre de refinerías; lo que convierte a la región en más dependiente en productos como el queroseno de aviación y los gasóleos.
En el caso de España, Ramírez ha destacado el papel que juegan sus refinerías que le permiten procesar crudo de 25 países de origen diferentes.
La electrificación y el uso de renovables
«Tenemos la suerte de tener recursos renovables, ahora lo que nos falta es aprovechar esa energía y atraer esa demanda», ha apuntado Lucía Arraiza, responsable de coordinación regulatoria de Iberdrola España.
Esto supone una «ventaja» como país debido, ha especificado, ya que representa un suministro «estable para los consumidores», asegurado a largo plazo y que les protege de volatilidad.
En este aspecto, Escribano ha recordado que Europa no cuenta con combustibles fósiles propios, por lo que es necesario tener una visión a largo plazo, ya que, aunque se vuelva a reabrir Ormuz seguiremos pagando las consecuencias.
El experto ha advertido que en esta crisis parece no haber cambiado la visión «cortoplacista» de Europa, que debería tomar medidas a largo plazo para «acelerar y racionalizar la transición energética» porque el final del juego «necesariamente» pasa por esta. EFE